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Barcelona’92: un cuarto de siglo después

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Barcelona’92: un cuarto de siglo después
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CaixaBank

25 Julio, 2017


Anochecía el 25 de julio de 1992 y Antonio Rebollo se preparaba para uno de los momentos más importantes de su vida. Aguantó la respiración, apuntó su arco hacia el cielo y la flecha envuelta en llamas salió hacia su destino. Millones de personas, igual que Rebollo, dejaron de inspirar durante unos segundos. Fue el tiempo que tardó la saeta en encender el pebetero del Estadio Olímpico. Los Juegos de la XXV Olimpiada, que se celebraban en la ciudad de Barcelona, daban comienzo. La explosión de júbilo que se produjo en más de 2.000 millones de almas alrededor del mundo hacía presagiar algo importante: el tiempo juzgaría a Barcelona’92 como los mejores Juegos de la historia y la impresionante cosecha de medallas de la delegación española quedaría en la retina como la gran actuación colectiva que fue y el ejemplo de planificación que tuvo detrás. El sueño que comenzó el 17 de octubre de 1986, cuando Barcelona ganó la candidatura olímpica a las ciudades de Ámsterdam, Belgrado, Birmingham, Brisbane y París, comenzaba a hacerse realidad.

Las 22 medallas

Tras actuaciones bastante discretas en las ediciones anteriores, el equipo olímpico español tuvo una participación destacada en Barcelona’92. Hasta ese año, el balance total de España en las olimpiadas de la era moderna (desde 1896) se reducía a veintiséis preseas. En la ciudad condal se ganaron trece oros, siete platas y dos bronces. Pocos podían esperar semejante cosecha. Se colgaron el metal dorado Fermín Cacho en una carrera épica de 1.500 metros, Daniel Plaza en 20 kilómetros marcha, Domingo José Manrique y Luis Doreste en vela (clase Flying Dutchman), José Manuel Moreno en ciclismo en pista, Miriam Blasco en judo en 56 kilos y Almudena Muñoz en 52 kilos, Martín López-Zubero en natación (200 metros espalda), José María Van Der Ploeg en vela (clase Finn), Francisco Sánchez y Jordi Joan Calafat también en vela (clase 470) y Patricia Guerra y Theresa Zabell en la misma disciplina. Los equipos masculinos de fútbol y tiro con arco y el femenino de hockey se sumaron a la lluvia de oros. Lograron medallas de plata Antonio Peñalver en decatlón, Faustino Reyes en boxeo 57 kilos, Carolina Pascual en gimnasia rítmica, el equipo de waterpolo masculino, Jordi Arrese en tenis individual, Natalia Vía-Dufrense en vela clase Europa y Conchita Martínez y Arantxa Sánchez Vicario en tenis (dobles). La tenista catalana se colgó también el bronce en la competición individual, mientras que Javier García Chico consiguió el tercer puesto en salto con pértiga. El balance histórico del olimpismo español prácticamente había doblado sus medallas en pocos días de competición.

Del Dream Team a Vitali Scherbo

Pero no solo han quedado para el recuerdo las gestas de los deportistas de nuestro país. Barcelona’92 acogió por primera vez en mucho tiempo a casi todos los países del mundo (169 países y 9.364 atletas), ya que habían terminado los boicots que se generaban al calor de la Guerra Fría. En Barcelona compitió solo una Alemania, tras la reunificación, y la URSS fue sustituida por Rusia y varias exrepúblicas soviéticas. Volvía Sudáfrica a la competición olímpica, tras treinta y dos años de ausencia vetada por su política racista del apartheid. También llegaron Michel Jordan, Magic Johnson o Larry Bird, tres de las estrellas del baloncesto que formaban el que para muchos sigue siendo el mejor equipo que se ha reunido en la historia: el Dream Team original de los Estados Unidos, el que maravilló al mundo mostrando un baloncesto de otro planeta. Pero si realmente un atleta fue la gran estrella de los Juegos, no hay duda de que el reconocimiento debería recaer en Vitali Scherbo. El gimnasta bielorruso ganó seis medallas de oro: anillas, paralelas, caballo de arcos, concurso individual y concurso por equipos. Fue una actuación magistral, que nadie había logrado antes.

Un legado para la ciudad y el deporte

25 años de la inauguración de los JJ. OO. Barcelona’92

El legado de Barcelona’92 se deja notar hoy en la ciudad, que se transformó para convertirse en una de las grandes capitales europeas, y en el deporte español. Quizá haya que buscar en los logros de los medallistas de nuestro país el inicio de una senda que abandonó complejos históricos y sigue reportando logros otrora impensables. La apuesta decidida por la planificación y el deporte de base, el apoyo de la empresa privada a través de programas como el ADO —en el que participa CaixaBank— o la atención decidida a los deportistas de alto nivel que no practican deportes con millonarias audiencias televisivas fueron determinantes. La política deportiva entró en la agenda y, de esa manera, los éxitos llegaron de forma continuada. Décadas atrás nos entregábamos a las heroicas actuaciones individuales de verdaderos adelantados a su tiempo. Hoy somos una potencia mundial en muchas disciplinas, y ese dominio sobre los rivales no es fruto de la casualidad. Hay que buscar la razón en aquella flecha que voló hacia la noche de Barcelona para encender un fuego que hoy sigue presente en miles de jóvenes que a través de los valores olímpicos buscan la excelencia. En el referente de unos Juegos Olímpicos celebrados un verano a la orilla del Mediterráneo, que para muchos siguen siendo los mejores que ha visto la historia.