criptomonedas

01 Octubre, 2019

Hacia la tokenización de la economía

Como el personaje de la obra de Molière que hablaba en prosa sin saberlo, hoy en día es probable que mucha gente esté usando tokens sin que sepa exactamente qué son y sin ser consciente de lo que probablemente nos espera con lo que ya ha empezado a llamarse la tokenización de la economía. En realidad, el concepto de token es muy fácil de entender. Se trata de una unidad de valor emitida de forma privada. Real o virtual, es un elemento que representa a otro elemento y que normalmente se puede canjear. Ejemplos de tokens serían la ficha de un casino, que puede canjearse por dinero, o unos puntos de fidelidad de un comercio, que pueden hacer que nuestra factura se vea reducida en futuras compras. Pero sus efectos se multiplican cuando los tokens se digitalizan y cuando se les aplica la tecnología blockchain, la misma en la que se basan el bitcoin y todas las criptomonedas. En efecto, puede haber tokens sin blockchain, pero no habrá token-economía sin blockchain, porque las características de esta tecnología, la cadena de bloques, hacen que las transacciones de tokens sean inmutables, transparentes y descentralizadas. Además, tienen una liquidez inmediata y pueden cambiarse muy fácilmente por criptomonedas, con lo que todo quedaría en el mismo entorno del blockchain. O pueden cambiarse por cualquier cosa, porque en la token-economía, al ser los tokens unidades que representan otras unidades, pueden utilizarse para prácticamente todo lo que se desee: comprar, canjear, intercambiar, acceder a servicios exclusivos para VIP... Actualmente, una de sus aplicaciones más habituales se da en la protección de los datos personales en el proceso de pagos digitales. Su funcionamiento, en tres pasos, es el siguiente: 1. En primer lugar, el usuario debe vincular el número de tarjeta de crédito a un sistema token. Es lo que, en lenguaje técnico, se denomina aprovisionar un token vinculado al PAN (Primary Account Number). 2. A continuación debe validarse el token, que, ya configurado, tiene que enviarse a la red de tarjetas de crédito para procesar la transacción. Esta red es la que se encarga de “destokenizar” el token para acceder al número de tarjeta (PAN). Se envía también un aviso del uso al banco al que pertenezca la tarjeta, para que la entidad financiera valide la herramienta. 3. Por último, una vez se ha emitido la validación de la entidad financiera, el vendedor recibe una autorización. En este proceso, la red vuelve a tokenizar el número de tarjeta para que este quede nuevamente protegido al enviar los datos al terminal del comercio. Este ejemplo de tokenización de los pagos tiene innumerables ventajas: elimina duplicaciones de los datos de los consumidores; las transacciones son más seguras (si un hacker accede a los tokens, no podrá hacer nada con ellos), más cómodas y más rápidas, y se reducen los requisitos de protección de datos (cuando se almacenan tokens no se está guardando información sensible). Es decir, aumentan los estándares de seguridad, tanto para el usuario como para los comercios y las empresas en general. En definitiva, lo que hacen la tokenización y, de hecho, todos los sistemas basados en la tecnología blockchain es reducir intermediarios en las transacciones y descentralizar la gestión, con lo cual es el usuario el que controla todo el proceso. ¿Es usted de los que aún tienen reparos en comprar por Internet? Tal vez la tokenización sea la respuesta a sus temores. O tal vez, como El burgués gentilhombre de Molière, ya la esté utilizando sin saberlo.

INNOVACIÓN
27 Diciembre, 2018

Hitos de la economía mundial que abrieron portadas en 2018

Poco falta para que termine 2018. Un año en el que la economía mundial ha dejado grandes titulares, vinculados en gran medida a la actualidad política: guerras y acuerdos comerciales, criptomonedas, grandes bancos centrales… Todos ellos han sido protagonistas, en uno u otro momento, de las noticias que han ocupado a la prensa económica de todo el mundo. En una economía cada vez más conectada, las noticias que se producen en un determinado país pueden llegar a afectar al día a día de ciudadanos que viven al otro lado del mundo. Por eso resulta especialmente interesante echar un vistazo atrás y recordar algunos de los grandes titulares económicos que se han registrado a escala global durante el 2018Un año después de experimentar un meteórico despegue en su cotización, el bitcóin volvía a valores mínimos. Esta criptomoneda ha acaparado titulares a lo largo de prácticamente todo el año y no es para menos: a principios de 2017, su valor no alcanzaba los 1.000 dólares; en octubre, cada bitcóin valía ya 5.000 dólares y, finalmente, en diciembre de ese año, se pagaba a 20.000 dólares. Sin embargo, en 2018 llegó la resaca de la fiesta del bitcóin. Tras varios desvanecimientos a lo largo de los meses —en enero llegó a perder el 48% de su valor desde el máximo marcado el mes anterior—, en noviembre su cotización caía ya por debajo de los 5.000 dólares. Este comportamiento ha llevado a algunos analistas a comparar lo sucedido con el bitcóin con otras burbujas, como la de los tulipanes en los Países Bajos del siglo xvii o iniciada en el año 2000.A lo largo de este año, Estados Unidos se ha situado en el centro de conflictos económicos con otros grandes bloques mundiales, tales como la Unión Europea o China. En el caso europeo, la guerra de aranceles comenzó con la imposición estadounidense de estos gravámenes a las importaciones de acero y aluminio procedentes de la Unión Europea, México y Canadá. Esto provocó una escalada arancelaria entre Europa y Estados Unidos, que parece haber alcanzado a una tregua. Este mismo esquema se ha repetido con China, mediante el establecimiento de aranceles a exportaciones mutuas por valor de decenas de miles de millones de dólares. Aunque en este caso, no se vislumbra ninguna tregua.En ese nuevo contexto de conflicto comercial, los distintos bloques tratan de adaptar sus posiciones. Esto es precisamente lo que han hecho la Unión Europea y Japón, que el pasado mes de julio firmaban un acuerdo comercial calificado de «histórico» que marcaba distancias con la postura proteccionista de Estados Unidos.En efecto, el alcance de este tratado es muy ambicioso, ya que supone la liberalización del 91% de las importaciones japonesas procedentes de la Unión Europa en un primer momento, para llegar al 99% más adelante. Se estima un ahorro de unos 1.000 millones de euros anuales en derechos de aduana para los exportadores europeos. Aunque ambas partes empezaron a negociar este acuerdo en 2013, su firma no llegó hasta este mismo año y se estima que su entrada en vigor tendrá lugar a principios de 2019, tras su aprobación por parte del Parlamento Europeo y su ratificación por ambos bloques.Las perspectivas de crecimiento global han comenzado a moderarse en este 2018. Así ha ocurrido con las previsiones de crecimiento realizadas por el FMI, revisadas el pasado mes de octubre con dos décimas a la baja como resultado. También la OCDE ha constatado que la economía mundial ha alcanzado ya su periodo máximo de expansión y que ahora debe prepararse para «un aterrizaje suave». En concreto, este organismo indica que la cumbre del crecimiento económico global se estableció en 2018 con el 3,7% y que se reducirá en 2019 y 2020 hasta el 3,5%.La posibilidad de una salida abrupta del Reino Unido de la Unión Europea planeó durante buena parte del año sobre la economía. Se trataba de una situación con perspectivas sombrías que llegó incluso a movilizar a empresas automovilísticas con sede en Reino Unido para asegurar el suministro de piezas desde la UE, ante un posible cierre de fronteras. El transcurso de las negociaciones entre ambas partes hacía temer la posibilidad de un Brexit sin acuerdo. Un proceso desordenado que afectaría a países, industrias y miles de ciudadanos. En este contexto, no es de extrañar que el principio de acuerdo alcanzado en noviembre entre Londres y Bruselas se considere una de las noticias económicas más importantes de 2018. Aunque todavía resulta muy precipitado anticipar qué ocurrirá con el Brexit, este apretón de manos fue todo un alivio para muchos sectores, ya que supone el mantenimiento de la unión aduanera al menos durante dos años más. Un tiempo que debería ser suficiente para que administraciones, empresas y ciudadanos puedan prepararse para la salida.A mediados de 2018, el Banco Central Europeo estableció una nueva hoja de ruta respecto a su programa de compra de deuda, conocido como Qualitative Easing. En concreto, le puso fecha de caducidad: diciembre será el último mes en el que operará este programa. Además, mantendrá los tipos de interés al 0%, al menos hasta el verano de 2019. Este anuncio simbolizaba el principio del fin de los estímulos extraordinarios que el BCE adoptó para ayudar a las economías comunitarias en marzo de 2015, en plena crisis económica. Desde entonces, ha inyectado más de 2,5 billones de euros en la economía de la eurozona. Mientras, la Reserva Federal de los Estados Unidos, que es el equivalente al BCE en el país norteamericano, continúa apostando por la subida de los tipos de interés, que en el mes de septiembre llegaron a situarse en niveles similares a los de 2008. Un registro que la Reserva Federal decidió mantener en su última reunión del mes de noviembre, pero que seguramente aumentará en próximos encuentros.

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