Cuarta revolución industrial: lo que está por venir

14 Febrero, 2018

Cuarta revolución industrial: lo que está por venir


Vivimos sin duda en la era de los avances tecnológicos y la digitalización: desde los ordenadores y televisores de altísima definición hasta los robots, pasando por los coches autónomos y la realidad virtual. Ante tal escenario, lo más razonable sería que se observara una aceleración del crecimiento de la productividad. Nada más lejos de la realidad.

Tal y como expone el Informe Mensual de Febrero de CaixaBankResearch Cambio tecnológico y productividad”, durante los últimos años estamos asistiendo a una desaceleración del crecimiento de la productividad: la productividad laboral mundial ha pasado de crecer un 2,6% anual en el periodo 1996-2007 a un 1,8% en el periodo 2013-2016.

Una tendencia que ya ha empezado a preocupar y ocupar a economistas y expertos del sector, pues se trata, en palabras de Oriol Aspachs, director de Macroeconomía y Mercados Financieros de CaixaBank, de un fenómeno “que se viene observando de manera sostenida en las últimas décadas y que, además, se produce de manera generalizada en las principales economías, tanto avanzadas como emergentes”.

Pero, ¿cómo se explica esta desaceleración? Si bien existen varias teorías, lo cierto es que todavía no existe una respuesta unánime, tal y como apunta Claudia Canals del Departamento de Macroeconomía de CaixaBank en el artículo “Revolución tecnológica y desaceleración de la productividad”.

Por una parte, existe la teoría de que las estadísticas oficiales no reflejan la productividad real, ya que las nuevas tecnologías (TIC) han dificultado su cálculo. Otros economistas, con una visión más pesimista del futuro que nos espera, apuntan a factores de fondo, como el fin del impacto de las TIC.

Sin embargo, CaixaBank Research considera que nos hallamos en una fase de transición en la cual empresas y consumidores todavía estamos aprendiendo a utilizar las nuevas tecnologías y que, a medida que se vayan difundiendo en toda la economía (y que se vayan diluyendo los efectos negativos de la última recesión), tendremos la oportunidad de aprovechar todo el potencial que nos brindan. Así lo ratifican los magníficos datos de crecimiento de las empresas que hoy en día están sacando partido a la innovación tecnológica.

Economía a dos velocidades

A pesar de esta desaceleración, lo que sí podemos constatar, como indica el artículo “Por qué crece menos la productividad”, es que nos estamos moviendo hacia una economía de dos velocidades: empresas líderes en productividad y elevada inversión en capital intangible (nuevas tecnologías), y empresas con baja productividad y poca inversión en capital intangible.

En este sentido, para impulsar la productividad, según Oriol Aspachs y Javier García-Arenas, del Departamento de Macroeconomía de CaixaBank, es necesario adaptarse a este nuevo paradigma tecnológico. “No basta con reformular las recetas clásicas”, opina Aspachs.

Mirando hacia el futuro

El elevado impacto de las nuevas tecnologías es ya una realidad en el entorno laboral y la estructura sectorial, así como en el funcionamiento y tamaño de las empresas, tal y como se aprecia en el siguiente gráfico:

Cuarta Revolución Industrial

Este impacto, no obstante, según los expertos de CaixaBankResearch, será globalmente positivo gracias al protagonismo que adquirirán las profesiones que más se beneficiarán de los nuevos desarrollos. “Tomar las decisiones adecuadas y prepararse para estos cambios será imprescindible para aprovechar todas sus oportunidades”, indica Javier Garcia-Arenas, en el artículo “Escribiendo el futuro, el cambio de paradigma tecnológico y la nueva economía”.

Estamos viviendo una Cuarta Revolución Industrial  que está transformando profundamente tanto la estructura productiva de la economía como el proceso de difusión tecnológica. “Las economías del futuro serán las que dispongan del marco más adecuado para dar respuesta a estas nuevas tendencias”, advierte Aspachs.

Nos encontramos ante un escenario todavía incierto. Pero, tal y como afirma Garcia-Arenas: “la clave no es preguntarse qué nos hará la tecnología en el futuro, sino qué podemos hacer nosotros con la tecnología”.

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