Conducción eficiente para ahorrar en tus desplazamientos

05 Marzo, 2021

Conducción eficiente para ahorrar en tus desplazamientos


Para alcanzar la sostenibilidad, esa meta que persiguen países del todo el mundo, es necesario cambiar el chip. Tenemos que empezar a contemplar todo lo que nos rodea con las gafas sostenibles puestas. Necesitamos encontrar vías para fomentar nuevos hábitos que nos ayuden a preservar el bienestar del planeta y sus habitantes, incluso en nuestros actos más cotidianos. Por ejemplo, cuando conducimos nuestro coche.

De hecho, no es lo mismo conducir a secas que hacerlo de manera eficiente. Es decir, reduciendo al mínimo la energía que utilizamos para desplazarnos en nuestro propio vehículo.

Este es un principio que vale tanto para un coche de combustión interna —por ejemplo, los tradicionales gasolina o diésel— como para uno eléctrico: cuanta menos energía requieran para circular, menos emisiones contaminantes producirá su uso. No conviene perder de vista que, aunque esa contaminación se haga evidente en el tubo de escape de los primeros, producir la electricidad que necesitan los segundos para moverse también tiene su huella de carbono.

No debemos olvidar que, para que nuestra movilidad sea lo más respetuosa posible con el planeta, lo mejor siempre es optar por el modo de transporte más sostenible en cada momento. Conducir un vehículo privado no siempre lo es; sin embargo, en muchas ocasiones, es la única opción disponible. En estos casos, no está de más conocer algunas técnicas de conducción eficiente que nos ayudarán a ahorrar energía, emisiones y costes en nuestros desplazamientos.

Arranca suavemente

Una de las principales claves de la conducción eficiente es la suavidad al conducir. O lo que es lo mismo, evitar una conducción brusca que solo sirve para aumentar el consumo de combustible y desgastar diversos componentes del vehículo.

Uno de los momentos en los que es más importante tener en cuenta dicho principio es al arrancar el coche, especialmente si el modelo es de combustión interna. Por eso conviene no acelerar justo después de accionar el contacto, ya que el propio vehículo se encargará de regular las condiciones de encendido. Al iniciar la marcha, conviene cambiar a segunda lo antes posible, a poder ser tras un par de segundos o después de recorrer unos cinco metros en primera.

Utiliza marchas largas con sentido

Entre las claves de la conducción eficiente se encuentra la utilización de marchas largas siempre que sea posible. Al llevar el motor menos revolucionado, se reduce el consumo de combustible y, con ello, las emisiones contaminantes y los repostajes. Sin embargo, es importante aplicar este principio con sentido.

De hecho, si recorremos largas distancias con un defecto importante en las revoluciones del motor, podemos llegar a provocar averías que pueden resultar costosas. Además, perderemos control sobre el vehículo, así como capacidad de reacción si nos encontramos con un imprevisto. Así que, aunque por norma general debamos priorizar las marchas largas, siempre deberemos utilizar las más adecuadas en cada momento.

Conducción preventiva

Anticiparse a las distintas situaciones es un principio que nos ayudará a ahorrar combustible, emisiones contaminantes y también a multiplicar nuestra seguridad al volante. También en el caso de los vehículos eléctricos, esta es una de las claves más importantes para ahorrar energía y espaciar las recargas.

La conducción preventiva se basa en mantener la atención tanto en el tráfico como en la propia vía. Si analizamos constantemente lo que ocurre a nuestro alrededor, podremos anticiparnos a distintas situaciones y optimizar el consumo de energía del vehículo. Por ejemplo, si un peatón se dispone a cruzar un paso de cebra, es mucho más eficiente y seguro desacelerar con tiempo para poder detenernos y reanudar la marcha con suavidad que mantener la aceleración y frenar en el último momento.

Anticiparse a las pendientes de una carretera es otro ejemplo de conducción preventiva. Se trata, básicamente, de aprovechar la inercia del motor para enfrentarse a ellas. En el caso de las cuestas ascendentes, deberá retrasarse en la medida de lo posible la reducción de marchas y acelerar ligeramente. En las bajadas, resulta mucho más eficiente circular con marchas largas y rodar por inercia, evitando siempre cualquier situación de riesgo.

Evita acelerones y frenazos

La suavidad al conducir que debemos aplicar en el arranque también debe extenderse a todo el trayecto si lo que queremos es desplegar una conducción eficiente. Este principio supone, básicamente, tratar de mantener en lo posible una velocidad constante o, dicho de otro modo, evitar aceleraciones y frenazos bruscos.

Esto se debe a que los cambios de velocidad suelen acarrear un aumento del consumo y de la emisión de sustancias contaminantes en el vehículo. Cada vez que pedimos que aumente la velocidad, el motor utiliza más energía para funcionar. Es decir: consume más carburante o más electricidad en función del tipo de vehículo que conducimos.

Incluso al desacelerar podemos ahorrar energía. Levantar el pie del acelerador y dejar rodar el vehículo con la marcha engranada nos permitirá usar el motor como freno, sin consumir combustible. En el caso de los coches eléctricos, los sistemas de recuperación de energía favorecen el uso de frenadas largas, por ejemplo en las bajadas (siempre sin llegar a sobrecalentar los frenos), junto al uso de dispositivos de retención que favorecen la inercia.

Ojo a la climatización

Existe una serie de dispositivos en los vehículos que aumentan el consumo de energía y que, por consiguiente, conviene utilizar de manera inteligente. Un claro ejemplo de ello es el sistema de climatización. En el caso de los vehículos eléctricos, no solo el modo de aire acondicionado requiere un consumo de energía para funcionar, sino también la calefacción, que en los de combustión interna simplemente aprovecha el calor del motor.

En este sentido, es importante no accionar el dispositivo a toda potencia nada más subirnos al vehículo. Es mucho más eficiente abrir un poco las ventanillas y poner el ventilador a baja velocidad durante unos minutos, preferiblemente mientras conducimos los primeros metros. Una vez alcanzada la temperatura ideal —entre 22 ºC y 24 ºC para largos recorridos—, procuraremos regular la mínima velocidad del ventilador necesaria para mantenerla.

Utilizar la energía de manera eficiente es un hábito que ayudará a nuestro bolsillo y al medio ambiente. Un principio que no debemos olvidar cuando nos sentemos al volante.