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Amistad, la clave de la felicidad que no debes descuidar

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Amistad, la clave de la felicidad que no debes descuidar
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30 Julio, 2020


Ya lo decía Aristóteles: el hombre es un animal político. El filósofo griego recogió esta sentencia en su obra La política y no se refería exactamente a que todos llevemos un parlamentario dentro. Aludía, más bien, a la capacidad que tenemos los humanos para relacionarnos y vivir en sociedad. Somos gregarios y necesitamos a los demás para realizarnos. Por eso, la amistad es uno de los principales cimientos sobre los cuales construimos nuestra felicidad.

Tener —y mantener— amigos es tan importante para la humanidad que la ONU ha decidido celebrar el 30 de julio el Día Internacional de la Amistad. El organismo la considera como una de las manifestaciones fundamentales de la solidaridad, que es la que ayuda a los pueblos a hacer frente a enemigos comunes. Por ejemplo, el cambio climático, la pobreza o la enfermedad, cuya solución global buscan los países a través de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) formulados por la propia ONU.

A escala individual, la amistad ofrece beneficios similares: los amigos nos ayudan a afrontar y superar problemas, celebran con nosotros las alegrías y nos ofrecen consuelo cuando vienen mal dadas. Es tan beneficiosa su influencia que, sin saberlo, incluso nos ayudan a estar más sanos.

Biografía de la amistad

Nos relacionamos con los demás desde que nacemos. Primero, nuestros padres o cuidadores nos ayudan a salir adelante. Sin embargo, pronto empezamos a hacer amigos, unas relaciones que se profundizan cuando comenzamos a ir a la escuela.

Tal y como recuerda la periodista científica estadounidense Lydia Denworth en su libro Amistad: la evolución, biología y extraordinario poder del vínculo fundamental de la vida, durante nuestra etapa escolar nos suele resultar sencillo mantener amistades. Además, en la adolescencia nuestro cerebro se encuentra sintonizado al máximo para percibir señales sociales y conectar con otros. Como resultado, en esa etapa estamos especialmente interesados en la actividad social.

Al llegar a la etapa adulta, cuando el trabajo y los hijos entran en juego, nos resulta más complicado pasar tiempo con los amigos. Una relación que tendemos a retomar más tarde, cuando los hijos se independizan y el trabajo es menos exigente.

De cómo hayamos cuidado nuestras amistades durante todo ese tiempo dependerá en gran medida la calidad de nuestras relaciones cuando tengamos más tiempo libre y, por tanto, los beneficios que obtendremos de ellas. Unos beneficios que van mucho más allá del placer de tener a alguien con quien compartir una partida de dominó o una agradable charla: un estudio de la Universidad de Carolina del Norte-Chapel Hill (Estados Unidos) asegura que nuestras conexiones sociales son tan importantes para mantenernos saludables como hacer ejercicio o cuidar la alimentación a lo largo de nuestras vidas.

Salud en todas las etapas

Esta investigación fue la primera en relacionar nuestras interacciones sociales con mediciones concretas de bienestar físico, tales como el volumen abdominal o los niveles de inflamación o de tensión arterial. Todas ellas están ligadas a problemas de salud a largo plazo, como las enfermedades cardiacas, los accidentes cerebrovasculares o el cáncer. Se desarrolló a partir de otros estudios previos que demostraban cómo las personas mayores viven más cuantas más conexiones sociales mantengan.

El estudio demuestra que las relaciones sociales son capaces de reducir riesgos para la salud en cada etapa de la vida. De hecho, explica que el aislamiento social en la adolescencia aumenta el riesgo de inflamación en la misma medida que el sedentarismo. Por el contrario, la integración social protege a los jóvenes frente a la obesidad. En la vejez, el aislamiento resulta ser más dañino para la salud que otros problemas, como la diabetes.

Durante la etapa adulta, sin embargo, no se trata tanto de cuántos amigos tenemos, sino del apoyo que nos ofrecen, al menos en términos de salud. Así, los investigadores aseguran que, mientras en jóvenes y ancianos lo más importante es que estén integrados en redes sociales extensas, en las etapas intermedias lo que cuenta, más que la cantidad, es la calidad de las relaciones.

Otra revisión sobre distintas investigaciones relacionadas con la materia afirma que la magnitud de los efectos del aislamiento social sobre la salud es similar a la de otros factores de riesgo, como la hipertensión, la obesidad o incluso el tabaquismo.

Amistad y pandemia

Está claro que mantener nuestras relaciones de amistad es importante para nuestra salud. Esto es algo que debemos tener siempre presente, pero sobre todo en un momento en el que la pandemia de la COVID-19 ha modificado nuestras dinámicas habituales. De hecho, un informe publicado recientemente por la consultora McKinsey asegura que, en abril de este año, la proporción de europeos que aseguraban sentirse solos casi siempre prácticamente se triplicó.

Esta investigación muestra cómo el sentimiento de soledad era mayor en países en los que la confianza en las relaciones y la satisfacción con estas se encontraban ya antes en niveles bajos. Según la consultora, esto podría sugerir que el capital social —es decir, las redes de relaciones en las que se apoyan los ciudadanos— ha podido amortiguar el shock provocado por la pandemia en otros países.

No cabe duda: quien tiene un amigo tiene un tesoro. Por eso merece la pena cuidar las relaciones que vamos forjando a lo largo de nuestra vida. Nuestras amistades no son solo compañeras de camino, sino también una importante fuente de salud y bienestar que debemos preservar. Especialmente en los momentos difíciles.