ECONOMÍA

Qué es la liquidez de un banco y por qué es importante

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Qué es la liquidez de un banco y por qué es importante
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Àlex Valencia

Director de Análisis y Seguimiento de Balance de CaixaBank

28 Octubre, 2021


La liquidez es la capacidad que tiene un banco de disponer o de obtener suficientes activos líquidos para satisfacer los vencimientos contractuales de sus deudas, los requerimientos regulatorios o sus necesidades de inversión.

Tras la crisis financiera de 2008, los supervisores y reguladores vieron la necesidad de regular la liquidez porque se dieron cuenta de que no tener controlado este riesgo podría desembocar en un nuevo crack financiero. Si los bancos incurren en riesgo de liquidez, no pueden cumplir con su misión de financiar la economía, dando lugar a una nueva crisis económica.

Para entender qué supone la liquidez para un banco es necesario entender cuáles son sus principales cometidos como entidad financiera, que podrían resumirse en:

– Canalizar el dinero desde los agentes económicos con excedente, los ahorradores o inversores, hasta los agentes económicos demandantes de esa liquidez que necesitan financiarse.

– Transformación de plazos. Los clientes depositan el dinero en el banco con una disponibilidad inmediata en su mayor parte y el banco lo presta a medio o largo plazo.

– Transformación del dinero en distintos activos financieros, como los depósitos o los títulos de deuda, hasta préstamos e hipotecas.

– Dar confianza a la economía para que se pueda mover el dinero y funcionen los sistemas de pago con normalidad.

Estas funciones se plasman de la siguiente forma en el balance de un banco:

Entre los activos líquidos se encuentran el dinero en efectivo, los depósitos en bancos centrales, la deuda pública, las cédulas hipotecarias, la deuda corporativa o las acciones.

Riesgo de liquidez

El riesgo de liquidez se produce cuando hay déficit de activos líquidos o cuando la entidad tiene una limitada capacidad de acceso a la financiación.

Existen diversos escenarios en los que esto puede suceder. Si los organizamos de menor severidad y mayor probabilidad de ocurrencia a mayor severidad y menor probabilidad de ocurrencia, los supuestos serían los siguientes:

– Situaciones de operativa diaria y crisis sistémicas leves.

– Crisis estacionales, en las que las necesidades de liquidez están motivadas por desfases temporales entre entradas y salidas de dinero derivados de la operativa normal y de la desigualdad de evolución de las operaciones de activos y pasivos.

– Crisis sistémicas graves, en las que las necesidades de liquidez están motivadas por factores externos a la entidad financiera, entre los que se encuentran las crisis macroeconómicas, una disfunción del mercado de capitales o una disfunción del sistema de pagos.

– Crisis específicas o idiosincrásicas graves, donde las necesidades de liquidez se deben a factores internos de la entidad financiera que generan pérdida de confianza, como podrían ser rumores negativos, una rebaja del rating, un capital insuficiente o una reducción abultada de resultados.

– Crisis combinada, que contiene las necesidades de liquidez motivadas por factores internos y externos a la entidad financiera. Es el peor escenario posible.

Si cualquiera de los escenarios anteriores se llega a presentar, el banco, para superar la situación, puede optar por:

• Estrategias de gestión genéricas:

– Sistemas de gestión centralizados vs. descentralizados.

– Gestión activa, buscando tener un colchón suficiente de activos líquidos.

– Construir una estructura de balance sostenible y estable para dar confianza a la economía; a inversores y a clientes.

• Estrategias de gestión específicas:

– Generación de colchón de activos líquidos suficiente para afrontar situaciones de estrés.

– Limitar la financiación en mercados mayoristas a corto plazo.

– Mantener una base estable de depósitos de la clientela.

– Generación activa y constante de colaterales (incrementar la capacidad de monetizar el balance).

– Gestión de activos líquidos: reserva, monetización continua…

– Diversificación de fuentes de financiación: clientes/inversores, divisas, instrumentos, vencimientos…

– Gestión de los pagos intradía. Monitorización, seguimiento y medición constantes.

¿Cómo se mide la liquidez?

Para garantizar que las entidades financieras cuentan con niveles óptimos de liquidez han de reportar a los reguladores su situación de manera periódica. Además, se han establecido unas métricas de cumplimiento obligatorio, con umbrales mínimos de cumplimiento, y han de someterse a ejercicios de estrés en el que se comprueba su capacidad para soportar escenarios adversos.

En la actualidad, regulatoriamente, la liquidez se mide a través de dos ratios:

• Liquidity Coverage Ratio (LCR), que mide la liquidez a corto plazo. Se calcula dividiendo el stock de activos líquidos de alta calidad entre la salida neta de flujos en un periodo de 30 días en una situación de estrés severo. El regulador entiende que el resultado de esa operación debe ser superior a 100 % para que la situación de liquidez del banco sea adecuada.

• Net Stable Funding Ratio (NSFR). Mide la estabilidad de la financiación y se calcula dividiendo el importe disponible de financiación estable entre el importe requerido de financiación estable. Al igual que sucede con el LCR, el resultado debe ser superior a 100 % para que la entidad se encuentre en una adecuada posición de liquidez.