ECONOMÍA

Retos del sector agroalimentario en un mundo postpandemia

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Retos del sector agroalimentario en un mundo postpandemia
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CaixaBank

31 Enero, 2022


Aunque vivimos en un mundo globalizado y digital, en el que pareciera que toda oportunidad de futuro laboral pasa por dominar el código binario o las redes sociales, lo cierto es que la agricultura ha sido el motor de la economía española durante muchos siglos y su nivel de producción no ha dejado de aumentar en los últimos años, fruto de la necesidad de satisfacer la demanda de una población creciente.

España es el país de la Unión Europea que tiene un porcentaje más alto del PIB procedente del sector agrícola. Además, hay que considerar que el peso económico de la agricultura va más allá de lo generado por su propia actividad, ya que tiene una influencia clave en otras actividades, como las industrias de transformación de alimentos y las industrias de producción.

Así, vemos que es una actividad integrada dentro del sistema agroalimentario, que supone un 10,6 % del PIB nacional y genera un 14,2 % del empleo del país. Estos datos, reflejados en un estudio publicado por PwC, llevan a considerar la agricultura como un sector estratégico para España, que aporta gran valor económico, social, territorial y medioambiental.

Oportunidades para el sector

Las megatendencias globales que transformarán (y ya están transformando) el mundo suponen grandes oportunidades para el sector agrícola. El cambio demográfico permite prever un escenario en el que la demanda de alimentos crecerá hasta un 70 % en los próximos 30 años, pero donde el relevo generacional de los agricultores no está asegurado.

El cambio climático, la escasez de recursos, el acelerado proceso de urbanización y el cambio en los poderes económicos mundiales suponen los mayores retos para un sector que, como se ha demostrado a raíz de la reciente pandemia, resulta esencial.

En este horizonte que dibuja 2050 para el sector agrícola, la forma de producir será la clave. Si bien España ya cuenta con ventajas endémicas, como son las horas de luz solar, el clima, o la diversidad de paisajes que permite una producción agrícola surtida, el grado de innovación que sea capaz de integrar en sus procesos determinará el éxito futuro.

Un sistema que sepa aumentar su producción con recursos menguantes, basado en la sostenibilidad y las palancas tecnológicas, que atraiga empleo joven y cualificado a la vez que asegura la continuidad del medio rural, es la meta de la transformación agrícola en nuestro país, lo que Luis Planas, ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, ha denominado «agricultura inteligente».

Según aseguró el ministro, el Gobierno apuesta por la transformación digital como herramienta necesaria para la reorientación del sector. Este esfuerzo transformador, que busca mantener al sistema agroalimentario español en una posición de vanguardia y liderazgo mundial, se realiza a través de tres vías principales: la Estrategia de Digitalización del Sector Agroalimentario y Forestal y del Medio Rural, el plan de recuperación de la Unión Europea y la Política Agraria Común (PAC).

Las claves de la transformación

Digitalización: el sector requerirá implantar nuevas tecnologías y técnicas para mejorar la productividad, combatir el cambio climático, introducir nuevos cultivos y hacer frente a plagas y enfermedades.

Investigación: las necesidades tecnológicas y digitales, como catalizadores clave del crecimiento del sector, impulsarán la investigación en torno a los desafíos económicos, sociales y medioambientales.

Diferenciación y puesta en valor: ante una demanda creciente con preferencias cambiantes, el sector necesita entender a su público para adaptar la oferta. Esta relación entre productores, consumidores y los distintos agentes de la cadena de valor debe estrecharse y consolidarse, dando lugar a un producto diferenciado y de calidad.

Profesionalización: la competencia dentro de un mercado internacional supone la necesidad de desarrollar estructuras y modelos empresariales que permitan maximizar la producción, optimizar costes y abrirse a nuevos mercados. La adopción de una visión empresarial en este sector resulta clave para adaptarse a las necesidades de un mercado cambiante.

Los beneficios económicos, sociales y medioambientales

Aumento del rendimiento de los cultivos: la tecnificación y digitalización repercutirán en términos de producción, ya que conseguirán obtener mayor cantidad de productos empleando menos recursos.

Sanidad vegetal: el desarrollo de productos y soluciones para combatir plagas podría aumentar la producción agrícola española en un 11,9 % para el 2050.

Racionalización en la utilización de recursos naturales: la eficiencia, derivada de las mejoras en las técnicas de producción, supondrá el ahorro de recursos naturales, como el consumo de agua, la extensión de tierra de cultivo y las emisiones de CO2.

Creación de puestos de empleo: las oportunidades de crecimiento del sector, unidas a la necesidad de especialización e innovación, impulsarán la demanda de perfiles técnicos y cualificados, atrayendo talento joven.

Repoblación de la España rural: el auge del sector y el empleo de jóvenes cualificados puede ayudar a paliar los efectos de la despoblación de ciertos municipios de la España rural, ofreciendo oportunidades de crecimiento y desarrollo personal, profesional y social.

Los objetivos de desarrollo sostenible han dibujado un horizonte para el que todos los sectores y agentes económicos y sociales deben aunar esfuerzos. El sector agrícola ha visto la necesidad de transformación como una oportunidad de reinventarse. Haciendo uso de la tecnificación y digitalización como palancas clave, el nuevo sector agrícola asume los retos de un mercado global desde una perspectiva más empresarial, donde la optimización de recursos y protección de los ecosistemas es primordial y los protagonistas han dejado de ser agricultores para convertirse en directores de agronegocios.