INNOVACIÓN

Tarjetas de crédito: del papel… ¿a tu propio rostro?

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Tarjetas de crédito: del papel… ¿a tu propio rostro?
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CaixaBank

30 Abril, 2021


Casi todos llevamos varias tarjetas en la cartera. El DNI, el carné de conducir, la tarjeta del banco, la tarjeta del transporte público, alguna identificación del trabajo o la tarjeta de descuento de un local del que somos socios. Prácticamente todas comparten elementos como el plástico y disponen de alguna banda magnética y algún chip. ¿Cómo ha sido el camino que han recorrido hasta aquí las tarjetas de crédito, precursoras de todas ellas?

Así fue el origen de las tarjetas de crédito

La historia del crédito mediante avales físicos como papeles o cartas es antigua. De hecho, se tiene constancia de que en la Grecia clásica se usaban cartas de pago. Aunque no fue hasta 1887 que se ideó un sistema de pago con tarjeta, en una novela escrita por Edward Bellamy titulada Looking Backward.

Por aquella época, las bases de la tarjeta de crédito se estaban sentando. Apenas unos años después, en 1914, Western Union emitió la primera tarjeta de crédito para fidelizar a sus clientes. La idea fue copiada por algunas marcas de gran tamaño, pero tardó en calar en la población. Además, aún no había estándares y las tarjetas, de papel o cartón, solo podían usarse en una empresa cada una.

El nacimiento de la tarjeta de crédito tal y como se conoce en la actualidad tiene lugar por casualidad y serendipia, como casi todo. En una cena que tuvo lugar en 1949, los comensales olvidaron su cartera. Al bochorno que tuvo lugar a continuación le siguió la creación de la tarjeta Diners’ Club para que la situación no volviese a darse.

Aunque este relato en ocasiones ha sido observado con escepticismo, lo que es seguro es que esta compañía fue la primera en el mundo en ofrecer tarjetas de crédito. Actuaban como intermediarios entre el cliente y el local y cobraban tres dólares estadounidenses al año, que entonces era una cantidad considerable. Esto hizo que durante un tiempo solo pudiese usarse en Nueva York. Pero el germen de la idea de una tarjeta para múltiples establecimientos ya se estaba extendiendo fuera de la ciudad.

El novedoso plástico y la banda magnética

En 1958 nacían la American Express, en forma de tarjeta de papel, y la Bank AmeriCard (hoy VISA), en el por aquel entonces novedoso plástico.

El plástico era, ¡qué tiempos aquellos!, un invento maravilloso. Barato, fácil de manejar, duradero y liviano, tenía todos los puntos para convertirse durante más de medio siglo en el soporte perfecto para todo tipo de tarjetas. Era el rey.

Ya en 1959, cuando la American Express se rindió al plástico, incluyó una banda electromagnética, contribución de IBM. Llevaba tiempo usándose en ordenadores como método de almacenamiento y se convirtió en un sistema fantástico para codificar información. La cinta magnética se empezó a usar en todo, desde pagar en comercios hasta fichar en la oficina.

El chip (circuito integrado) y la digitalización de la tarjeta

En 1967 aparecía Master Charge, llamada “la tarjeta interbancaria”, que en 1979 sería renombrada como MasterCard. Por aquel entonces, todos los fabricantes ya usaban plástico para todo. Además, todas las tarjetas se aproximaban al tamaño actualmente estandarizado. Hoy en día las tarjetas de identificación, de conducir o de crédito, entre otras, son iguales en todo el mundo.

Pocos años después, la innovación digital dio lugar a un invento nuevo que rápidamente saltó a las tarjetas. Era el microchip, un circuito integrado que pasó a formar parte de las tarjetas de crédito. Durante unas décadas fueron llamadas “tarjetas inteligentes” por ello, aunque en la actualidad ya consideramos como “inteligentes” otro tipo de innovaciones más avanzadas.

Adiós al plástico, a la banda, al chip y… a la tarjeta

Imparable, la digitalización ha seguido con la ley de Moore y los teléfonos inteligentes (que muchas personas consideran ya simplemente teléfonos) ya están absorbiendo las competencias de las tarjetas físicas, aunque estas aún siguen existiendo. En el caso de CaixaBank, esta entidad se ha convertido en la primera de España en emitir tarjetas de materiales biodegradables y reciclados. De hecho, este mismo año el 85 % de las tarjetas emitidas por CaixaBank utilizarán ya plástico reciclado y componentes biodegradables en su composición.

Junto con esta innovación se está popularizando la tarjeta de crédito virtual, disponible desde una aplicación, con la que pagar a través de sistemas como RFID, código BIDI (QR), enlaces, API o sistemas similares. Además, la propia banca digital deja poco a poco obsoleto el formato físico, ya que permite pagos a través de la app equivalentes a las transferencias bancarias.

La evolución de los sistemas de pago sin contacto apunta a que, en el futuro, ni siquiera hará falta un soporte físico como el teléfono móvil o la tarjeta: bastará con la identificación facial para pagar. Una tecnología, la biometría, que CaixaBank ha implantado de manera pionera en cajeros automáticos. Por el camino, los chips subcutáneos parece que no han tenido mucha aceptación como tecnología de pago.