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Cinco consecuencias del cambio climático que notarás en verano

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Cinco consecuencias del cambio climático que notarás en verano
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02 Agosto, 2021


¿Sabías que el cambio climático tiene muchas más consecuencias que la subida continua de la temperatura? Países que se sumergen en el océano, “nuevas” enfermedades tropicales, visitas inesperadas de animales que pueden resultar peligrosos o una desertificación aparentemente imparable son algunas de ellas. Y muchas se notan en verano.

Consecuencias del cambio climático en España: noches tórridas

El aumento gradual de las temperaturas mundiales es ya un fenómeno conocido. Que hará más calor está más que aceptado, y ocurrirá poco a poco. De hecho, hace años que las noches de verano se perciben como particularmente calurosas. Muy probablemente, habrás notado que abrir la ventana deja de ser suficiente y tienes que recurrir al ventilador o al aire acondicionado.

Por ejemplo, en Barcelona se quintuplicó el número de noches tropicales —las que no bajan de los 20 ºC— en solo 40 años. En 2018 fueron 101 noches, mientras que, a principios de los 80, no se superaban las 20 anuales.

Sin embargo, el clima es mucho más que la temperatura. Según un estudio publicado en Plos One en 2019, y confirmado poco después, en 2050 Madrid tendrá el clima de Marrakech. Muchos aumentos de temperatura paulatinos en verano, sumados a un descenso también gradual de la humedad, cambiarán el clima estival.

El problema es que, incluso si ahora mismo se dejaran de usar combustibles fósiles, la atmósfera seguiría calentándose. Por tanto, el clima seguiría cambiando gradualmente. Si estás leyendo esto, es poco probable que veas veranos más frescos que los actuales. Aunque, si todos lo hacemos bien, puede que tus nietos sí.

La naturaleza se desplaza a 6,1 km/año

¿Has notado que el paisaje en el que sueles veranear ha cambiado en estas últimas décadas? Cambios sutiles como una variedad de flores que antes no estaba ahí o plagas de insectos particularmente grandes. Tal vez ese jardín de setos del que tanto disfrutabas esté, de repente, totalmente mustio a causa de una oruga invasora.

Por ejemplo, Valencia ha iniciado este verano con una plaga de rantellas, que son inofensivas pero muy molestas. Esto se debe a que las temperaturas han hecho eclosionar billones de larvas a la vez.

Resulta que el calor del cambio climático está haciendo algo particularmente curioso. En 2003 se descubrió que los biomas y ecosistemas se desplazan aproximadamente a 1,67 metros por día desde el ecuador hacia los polos debido al cambio climático. Luego se confirmó su aceleración en 2010. Puede no parecer mucho, pero esos 6,1 km/año están haciendo que aparezcan al sur de la Península enfermedades que antes se consideraban tropicales. Por ejemplo, el virus del Nilo asociado al mosquito tigre que afectó a Andalucía el año pasado.

Un país que desaparece en mitad del océano

Las consecuencias del cambio climático que notarás en verano no son exclusivas de España. Si eres de los que ahorran todo el año para disfrutar de tus vacaciones en un paraíso lejano, te puedes encontrar con que los lugareños tienen preocupaciones sorprendentes. Como que su país se pueda hundir en el océano. De hecho, el aumento del nivel del mar se ha acelerado hasta 2,5 veces en la última década respecto a la media del siglo pasado.

En 2008, Mohamed Anni Nasheed, presidente de las Maldivas, anunció la intención de comprar tierra en la India y Sri Lanka. Si seguía subiendo el nivel del agua, habría que trasladar a toda la población a ”tierra firme”. Así se adelantaban para no convertirse en desplazados climáticos. En 2014, Kiribati compró parte de Fiji por la misma razón.

Cuando la temperatura de los océanos aumenta, el agua salada se expande y ocupa más espacio. Si a esto se le suma el deshielo ártico y que la costa de buena parte del mundo tiene una pendiente muy suave (salvo acantilados), algunos países tienen fecha de caducidad.

En España no se esperan inundaciones generalizadas, aunque habrá áreas urbanas que tendrán que trasladarse. Además, la subida del agua puede afectar a la calidad de los acuíferos de los que dependen muchos cultivos, o sumar pérdidas de calado al sector turístico. Quedan décadas, pero habrá que ir preparándose para la subida gradual.

Cuidado, animales peligrosos en el mar

Tal vez el pasado verano hayas tenido la desagradable sensación de que no te estabas bañando solo en el mar. Esto se debe a que, como resultado del cambio climático, muchas especies están desplazando a otras en territorio. Como consecuencia, en España tendremos que acostumbrarnos a la presencia de animales como la carabela portuguesa. Este animal carnívoro, que parece una medusa pero no lo es, libera con sus tentáculos un veneno bastante doloroso.

A medida que la temperatura del agua aumenta, o que los fenómenos extremos como los temporales se vuelven más frecuentes, aumenta el riesgo de que especies como esta aparezcan por nuestro litoral.

España, en proceso de desertificación

España lleva unas cuantas décadas, casi siglos, en proceso acelerado de desertificación. Talar buena parte de sus bosques, usar áreas cada vez más extensas para cultivo —y especialmente abandonarlas cuando no producen lo suficiente— o vaciar los acuíferos por plantar alimentos tropicales está erosionando gravemente el sustrato de todo el país. Así que no te extrañe si, donde hasta hace unos años hacías picnic bajo la copa de un árbol, hoy no ves ni una sombra.

Se estima que entre el 75 % y el 80 % de España está en riesgo de desertificación. De modo que las vacaciones de interior serán cada vez más cálidas. Esto supone un reto para las regiones dependientes del turismo local y para la transición ecológica.

Algunos de estos son cambios que, probablemente, ya no tienen marcha atrás. Sin embargo, todavía podemos evitar consecuencias mucho peores del cambio climático si todos arrimamos el hombro para frenarlo.

Para ello, es imprescindible que la sociedad civil, la Administración y las empresas trabajen de la mano en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) acordados en el seno de la ONU para reducir el impacto que la actividad humana tiene sobre el planeta. Las próximas generaciones nos lo agradecerán.