SOSTENIBILIDAD

Reforestación: en qué consiste y por qué es importante

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Reforestación: en qué consiste y por qué es importante
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CaixaBank

18 Febrero, 2021


El ser humano es una especie capaz de cambiar su entorno de forma drástica. Esto a menudo ha implicado arrasar enormes masas boscosas que después es necesario reforestar. Durante los últimos milenios, ha transformado los biomas de medio planeta para adaptarlos a sus fines –generalmente agrarios, ganaderos, de tala, para levantar nuevos emplazamientos o para realizar prospecciones mineras–.

Como todo esto tiene un coste ambiental asociado, la restauración ecológica de las zonas afectadas –«recuperación de ecosistemas que han sido degradados, dañados o destruidos», según la Sociedad para la Restauración Ecológica– es crucial. Cuando se busca restaurar un área para plantar un bosque, esta actividad recibe el nombre de reforestar.

¿Qué es la reforestación de bosques?

La reforestación es una práctica de la silvicultura (gestión de bosques) que consiste en la repoblación de zonas deforestadas en el pasado. Cuando en la zona no existió una masa de árboles desde hace mucho tiempo, esta repoblación suele recibir el nombre de forestación.

En su Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) n.º 15, ‘Vida de ecosistemas terrestres’, la ONU pone el foco en los bosques, que cubren cerca del 31% de la superficie de nuestro planeta y albergan cerca del 80% de las especies terrestres. Esto es muy importante porque indica que la diversidad biológica depende en gran medida de la presencia de estos entornos.

Reforestar: mucho más que plantar árboles

Sin embargo, reforestar es una actividad más compleja que, simplemente, plantar árboles en una zona concreta. La ecología, ciencia que estudia las relaciones entre las diferentes especies y el medio en el que viven, tiene mucho trabajo por delante cuando se decide restaurar un bioma y reforestar un bosque.

De hecho, el trabajo suele empezar con la plantación de especies de plantas bajas como los matorrales. El objetivo consiste en lograr que el terreno gane cohesión biológica y regresen especies como pequeños roedores, aves, insectos y, por supuesto, las imprescindibles bacterias, que dan vida a los bosques. Estos microorganismos descomponen la materia orgánica, liberan nutrientes, fijan el carbono o el nitrógeno que necesitan las plantas y se colocan en la base de la cadena alimenticia, entre otras funciones.

¿Con qué objetivos se reforesta?

La reforestación ha tenido diversos objetivos a lo largo de la historia, en particular dentro de la historia de España. Así, el objetivo número uno de la primera etapa de reforestación de 1940 a 1959 (llamado Plan Nacional de Repoblación Forestal) no fue la preocupación por el medio ambiente en absoluto, sino «paliar el paro rural», que por aquel entonces estaba disparado.

También en esta época, con el fin de proteger los cultivos y el ganado mediante barreras naturalizadas, se empieza a reforestar las lindes para evitar que el viento arrase los sembrados o que escapen los animales. Son actuaciones que tienen poco que ver con los Objetivos de Desarrollo Sostenible tal y como los concebimos hoy en día, pero que, sin duda, representaron un paso adelante en este ámbito.

Tras aquellas intervenciones, vino una repoblación impulsada por la alta demanda de madera para vivienda e industria. Se trataba de una reforestación orientada a la explotación maderera y duró de 1960 a 1971. Sin embargo, con el paso del tiempo y la evolución de la economía, la ciencia ecológica ha ido tomando el mando de la reforestación.

En los últimos años, especialmente preocupados por el enorme problema del cambio climático y el aumento de las temperaturas, la lista de los motivos por los que reforestar se ha ido ampliando:

– Aumentar las áreas verdes que capturen carbono: el CO2 atmosférico nunca ha sido tan elevado. Por eso es necesario capturarlo a través de lo que se conoce como ‘sumideros de carbono’. Pese a que la tecnología ya permite capturar dióxido de carbono, lo cierto es que la vegetación lo hace de manera mucho más eficiente y, además, humedece y refresca la zona. No en vano, se trata de ventajas en las cuales la vida lleva unos 485 millones de años trabajando.

– Mejorar la cubierta vegetal del suelo y evitar la erosión: la erosión del suelo es un fenómeno global y, en parte, natural. Las acciones geológicas y climáticas favorecen la erosión, aunque la erosión antrópica –es decir, la promovida por la humanidad– está predominantemente causada por la agricultura, la deforestación o la expansión de los municipios. Este es uno de los motivos por los cuales desde la ONU-Hábitat se insiste en diseñar ciudades compactas más sostenibles y que ocupen menos espacio.

Por supuesto, el aumento de temperaturas fruto del cambio climático acelera estas tendencias. Esa es la razón por la que es necesario compaginar la reforestación con políticas de descarbonización.

– Crear barreras naturales para que la desertificación no avance: la desertificación es un fenómeno por el cual se degrada un entorno debido a consecuencias climáticas y actividades humanas inadecuadas. En España, la intrusión marina en acuíferos y la agricultura intensiva han sido dos de sus causas más importantes.

Paradójicamente, la desertificación se produce tanto cuando se realiza agricultura intensiva en un área como cuando se abandona y han de pasar años o décadas para que el entorno se recupere. A menos, claro, que se realicen campañas de repoblación con especies autóctonas que afiancen el suelo y se monitoricen y mantengan durante décadas. Unas iniciativas que también son necesarias en otras circunstancias, como por ejemplo tras un incendio.

En este sentido, CaixaBank ha llevado a cabo diversas iniciativas dentro de su estrategia Carbon Neutral para compensar su huella de carbono. Este ha sido el caso de las acciones de reforestación con especies autóctonas que la entidad ha promovido en bosques de Montserrat (Barcelona) y Ejulve (Teruel). Los beneficios directos de estas acciones sobre el territorio se contabilizarán durante los próximos 40 años. La entidad también apoya un proyecto para proteger más de 27.000 hectáreas de bosque amazónico en Brasil.

Asimismo, los ciudadanos pueden participar de la reforestación de zonas que lo necesitan mediante proyectos que permiten, por ejemplo, apadrinar árboles que después se pueden visitar. Existen incluso iniciativas de suscripción anual que permiten donar fondos para la plantación de distintas especies capaces de absorber toneladas de CO2.

La reforestación es mucho más que una tendencia: se ha convertido en una de las principales bases que nos llevarán a asegurar un futuro sostenible para nuestro planeta y su biodiversidad.