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Cinco datos sobre la capa de ozono que te darán que pensar

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Cinco datos sobre la capa de ozono que te darán que pensar
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15 Septiembre, 2020


Ya hace décadas que la capa de ozono se convirtió en una de las grandes preocupaciones de científicos y ciudadanos de todo el mundo. Conocemos la importancia de esa frágil bóveda que nos protege de la radiación y sabemos que debemos hacer lo posible para preservarla. De hecho, dedicamos cada 16 de septiembre a recordar su existencia y crear conciencia sobre su protección. Lo conocemos como el Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono y es un momento perfecto para repasar algunos datos curiosos relacionados con ella.

Cuestión de olfato

El ozono es un gas cuyas moléculas están compuestas por tres átomos de oxígeno, por lo que su nomenclatura es O3.

Así como el oxígeno (O2) es inodoro, es decir, no produce olor, el ozono desprende un olor penetrante que permite percibir su presencia incluso en pequeñas cantidades. De hecho, su nombre procede del griego antiguo, concretamente de la palabra ozein, que significa “oler”. Este gas es el que provoca ese aroma tan característico que se produce cuando hay tormenta.

Unos cuantos kilómetros sobre tu cabeza

La famosa capa de ozono es un escudo protector frente a la radiación ultravioleta nociva procedente del espacio. Esta barrera natural se encuentra a bastante altura respecto a la superficie de la Tierra.

De hecho, se denomina capa de ozono a la región de la estratosfera donde se dan mayores concentraciones de este gas. Se extiende sobre todo el planeta, con alguna variación en altura y grosor. Este manto comienza entre los 10 y los 16 kilómetros sobre la superficie terrestre y se extiende hasta los 50 kilómetros de altitud.

Ese límite inferior donde comienza la capa de ozono coincide aproximadamente con la altura a la que suelen volar los aviones comerciales, por encima de los 10.000 metros. Está justo sobre la troposfera, que es la parte de la atmósfera donde se suelen dar fenómenos meteorológicos, como las tormentas o las lluvias.

Un gas natural… o no

Uno de los factores más sorprendentes sobre el ozono es que, aunque se encuentra de manera natural en nuestra atmósfera, puede resultar perjudicial cuando se produce de manera artificial por la acción humana.

Resulta que el ozono, cuando se concentra cerca de la superficie que habitamos, es un contaminante que puede causar daños a nuestra salud y a la de las plantas. Se trata de una forma dañina de ozono que resulta de las reacciones químicas que provoca el sol en contacto con gases, como los óxidos de nitrógeno, que liberan los vehículos de combustión y algunos procesos industriales, así como con otras partículas, como los compuestos orgánicos volátiles (COV).

Se puede decir que el ozono es beneficioso cuando se concentra en la estratosfera, porque mantiene fuera rayos nocivos, como los UV-C y parte de los UV-B y de los UV-A. El problema viene cuando lo hace en la troposfera, ya que puede provocar daños en el sistema respiratorio. Un fenómeno que cada vez va a más: un reciente estudio afirma que los valores medios de ozono en esta parte de la atmósfera han aumentado un promedio del 5% por década.

El agujero que no es tal

Lo que conocemos como “agujero de la capa de ozono” no es exactamente un orificio en la capa en el que no hay presencia de este gas. En realidad, es un área de este escudo que se encuentra sobre la Antártida y presenta una concentración extraordinariamente baja de ozono, especialmente en primavera. Este fenómeno también se produce en el Ártico, aunque es menos habitual.

Ese adelgazamiento de la capa de ozono se debe a una serie de reacciones químicas que involucran a los CFC (clorofluorocarbonos), unos químicos artificiales que alcanzan la troposfera y que se rompen en contacto con los rayos ultravioleta. Como consecuencia, se liberan átomos de cloro, capaces de destruir moléculas de ozono. De hecho, un solo átomo de cloro puede hacer desaparecer miles de esas partículas. Se trata de un fenómeno que se produce durante la primavera austral, cuando se dan las condiciones necesarias para desencadenar estas reacciones.

Un protocolo eficaz

En el año 1987 se aprobó el llamado Protocolo de Montreal, un tratado internacional que firmaron todos los países del mundo. Su objetivo consistía en reducir la producción y el consumo de sustancias que agotan la capa de ozono, como los CFC. Se trata de químicos que se empleaban, entre otros usos, en refrigeración y climatización o en aerosoles.

Gracias a la moderación en el uso de estos elementos por parte de ciudadanos e industria y a la progresiva eliminación de los CFC de su composición, el consumo de sustancias químicas dañinas para la capa de ozono se ha reducido en torno al 99% en todo el mundo. Como consecuencia de este cambio de hábitos, la capa de ozono ha comenzado a regenerarse por primera vez en décadas, tal y como respaldan algunas pruebas científicas.

Con todo, no será hasta mediados de este siglo que la capa de ozono se recuperará por completo. La razón es que las sustancias que la atacan son capaces de permanecer en la atmósfera durante años e ir eliminando moléculas de ozono.

Esta es la razón por la que no se debe bajar la guardia en la preservación de la capa de ozono, que nos protege frente a enfermedades como el cáncer de piel, las cataratas o los trastornos inmunitarios. También mantiene los ritmos naturales de crecimiento de los ecosistemas terrestres y acuáticos, claves en la cadena alimentaria. Merece la pena hacer lo posible para conservar este escudo natural, esencial para nuestra supervivencia.