INNOVACIÓN

Cómo convertir tu mente en motor de la innovación

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Cómo convertir tu mente en motor de la innovación
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CaixaBank

21 Abril, 2021


La innovación lleva milenios moviendo el mundo. Gracias a ella, nuestra probabilidad de llegar a una edad avanzada en condiciones saludables es cada vez mayor. También ha puesto a nuestro alcance la posibilidad de atravesar océanos en cuestión de horas o incluso de explorar otros planetas. Sin ella, probablemente tendríamos un estilo de vida muy similar al que llevaban nuestros antepasados hace millones de años.

Sin embargo, la innovación no está relacionada únicamente con grandes logros. Resulta que, en un nivel más doméstico, nuestra capacidad para innovar nos ha sacado de más de un atolladero a lo largo de nuestras vidas. Gracias a ella, somos capaces de solventar los nuevos problemas que se nos plantean, de ayudar a nuestros allegados e incluso de agilizar nuestro trabajo diario para que nos resulte más sencillo.

Son razones más que suficientes para que nos demos cuenta de que potenciar nuestra capacidad innovadora es una inversión muy interesante. Ante la tentación de quedarnos en las cómodas pero no siempre efectivas rutinas mentales, existen algunas técnicas que nos pueden ayudar a estimular ese pensamiento creativo que, al final, nos acaba conduciendo a la innovación.

Busca nuevos estímulos creativos

Desde meterte en una bañera a pasear por un jardín, cualquier actividad puede llevarte al lugar donde se esconde la llave de la inspiración. Es cuestión de observar y mantener la mente abierta.

La historia está llena de genios que cambiaron el mundo a partir del estímulo más insospechado. Por ejemplo, Arquímedes descubrió su famoso principio mientras se daba un baño. Y a Newton le asaltó la noción de la gravedad cuando contemplaba cómo una manzana caía al suelo de su jardín y se preguntó: “¿Por qué siempre cae perpendicularmente al suelo?”.

Incluso algo tan cotidiano como ir al cine tiene la capacidad de estimular nuestra creatividad: la pantalla iluminada y la oscuridad que la rodea, el olor de las palomitas o el sonido envolvente pueden estimular una tormenta de ideas en tu cerebro al finalizar la película. Algo que nos lleva al siguiente punto.

Practica el brainstorming creativo

En ocasiones, las inseguridades y los miedos nos impiden desarrollar nuestro potencial creativo. Para evitarlo, nada como practicar el brainstorming creativo: solo necesitarás a alguien dispuesto a pasar contigo unos tres cuartos de hora sin tecnología a mano y sin criticar.

En el brainstorming creativo se trata de poner sobre la mesa un tema o idea que se quieran desarrollar y poner en común todo lo que se nos ocurra. Todas las ideas se deben anotar en un papel y ninguna de ellas debe recibir crítica alguna. Aunque acabemos con 100 ideas mediocres, lo más probable es que haya por lo menos una o dos que merezcan la pena. Además, cuanto más se practica esta técnica, más se mejora para la próxima sesión.

Estimula el pensamiento crítico

Aunque el brainstorming creativo no admita críticas en una primera fase, poner nuestras ideas bajo el microscopio es necesario para elegir las mejores. Para ello, nada mejor que contemplarlas y someterlas a algunas preguntas.

Esto se debe a que el pensamiento crítico es el que permite analizar hechos y conocimientos para tomar la mejor decisión posible. Es decir: es la clave para decidir cuál de nuestras ideas es la que nos puede ayudar mejor a solucionar un problema.

El pensamiento crítico se puede ejercitar. Concretamente, Helen Lee Bouygues, presidenta de la Fundación Reboot, recomienda tres hábitos sencillos para mejorar esta faceta en los negocios, que se pueden trasladar perfectamente a nuestra vida cotidiana. Uno de ellos consiste en cuestionar algunas creencias que tenemos asumidas, mediante el planteamiento de preguntas tan sencillas como ¿por qué? o ¿qué pasaría sí…? El segundo consiste en aplicar la lógica a nuestros razonamientos, basando los argumentos en evidencia empírica. Y el tercero, en buscar la diversidad de pensamiento y la colaboración: contemplar puntos de vista diferentes al nuestro nos permitirá hacernos una mejor idea sobre la realidad.

Prueba experiencias lejos de tu experiencia

Si en la escuela no se te daban bien las matemáticas, ¿por qué no intentas ahora aprender a calcular de manera más ágil? Lo mismo ocurre si lo tuyo no era escribir: hoy existen técnicas de escritura creativa que te pueden sorprender gratamente.

Aprender cosas nuevas nos puede ayudar a mejorar nuestras habilidades cognitivas, incluso si lo hacemos a edades avanzadas. Si, además, lo hacemos fuera de nuestra zona de experiencia, aumentaremos el rango de recursos a nuestro alcance para resolver problemas y encontrar nuevas soluciones.

Busca (y utiliza) nuevas técnicas inspiradoras

A veces dar con una idea genial es tan sencillo como tomar una que ya existe y darle la vuelta. Por ejemplo, buscar nuevos usos a ciertos objetos, sustituir algunos de sus atributos o alterar el orden en el que se utilizan. De ahí han surgido productos como las bebidas de aloe vera, los relojes digitales sin manecillas o las lociones para antes del afeitado.

Todas estas son técnicas que ayudan a ejercitar el pensamiento creativo y, en última instancia, a lograr la ansiada innovación. Quién sabe si de su práctica puede surgir la próxima gran idea que permita a la humanidad dar un paso más en su evolución.