01 Febrero, 2019

Por qué no deberías perderte la edad de oro de los podcasts

Hace apenas tres años contábamos cómo los podcasts gozaban de buena salud. Modestia aparte, no íbamos nada desencaminados, porque hoy podemos hablar de una auténtica época dorada para este formato, que se ha expandido para ofrecer cada vez más contenidos de calidad y ha ampliado sus temáticas. Según la Asociación para la Investigación en Medios de Comunicación (AIMC), el 22% de los internautas afirmó, el pasado mes de junio, escuchar la radio en diferido, es decir, podcasts. Puede parecer una cifra todavía pequeña, pero supone un gran paso adelante con respecto a hace unos años, cuando existía una oferta muy pequeña de plataformas de podcast y ni siquiera las grandes cadenas de radio facilitaban el consumo de sus programas en diferido. El podcasting ha evolucionado mucho en muy poco tiempo y, precisamente por eso, hemos querido recuperar la voz de Gregorio Urquía, del podcast Histocast, para que nos cuente los cambios que él ha vivido en primera persona; no en vano, este podcast de historia es ya un veterano del panorama español, al llevar ya ocho temporadas “en antena”. “Tenemos unos formatos más definidos, la duración es ostensiblemente mayor y, en general, ofrecemos mejor sonido al tener mejores medios. Pero quizás los cambios más importantes han sido internos, en la organización y el flujo de trabajo”. Urquía ofrece una de las claves del mundo del podcast actual: la profesionalización de los contenidos. Lo que en muchas ocasiones comenzó como un experimento entre amigos o aficionados a una temática en concreto ha derivado en programas que no tienen nada que envidiar a las producciones realizadas por las radios comerciales. De hecho, muchos podcasts de éxito cuentan con la colaboración de periodistas que vienen directamente de la radio y con infinidad de colaboradores y expertos en diferentes materias, que han visto en el podcasting una ventana de oportunidad para desarrollar con libertad todo tipo de contenidos.Posiblemente no exista una fecha concreta que suponga un antes y un después en el podcasting español, pero sí que podemos echar la vista atrás para ver los dos últimos años como un momento de crecimiento casi exponencial de oferta y calidad en los diferentes programas. Psicología, ciencia, matemáticas, historia, literatura, cine… Hay pocas áreas que no cuenten ya con uno o varios podcasts semanales específicamente dedicados a ellas. Tal vez uno de los hitos recientes más significativos haya sido el lanzamiento de Podium Podcast, una plataforma de PRISA Radio que apuesta decididamente por este formato y que se suma a las conocidas iVoox e iTunes; incluso Spotify cuenta ya con una sección específica para podcasts. Esa profesionalización de los podcasts de “aficionados” o la apuesta de grandes empresas de comunicación no es más que la respuesta a una creciente demanda por parte de la audiencia: los oyentes han descubierto el enorme catálogo de podcasts en español y están comenzando a responder de manera más que positiva: “el mecenazgo de los oyentes ha avanzado muchísimo, saben y entienden que pueden agradecer tantas horas de entretenimiento”. Urquía es optimista, porque incluso la publicidad ha comenzado a crecer en este último año: “irá a más en cuanto las marcas vean por sí mismas el potencial de impacto del podcast”. Y no hace falta plantear proyectos muy ambiciosos o con un gran apoyo económico detrás para aspirar a conseguir un buen respaldo de la audiencia que permita mantener el podcast en el aspecto económico, como reflexiona Urquía: “creo que un podcast amateur con cierto éxito hoy puede cubrir costes perfectamente”. Sin embargo, matiza Urquía, “llegar a ganar para dedicarse plenamente a esta actividad es harina de otro costal; eso está al alcance de muy pocos o de gente que ya trabajaba en medios y ha empezado su actividad en este mundillo”. Es cierto que al podcast todavía le queda un largo recorrido para alcanzar el nivel de otros formatos de ocio, pero tanto por la voluntad de los aficionados como por el desembarco de las grandes compañías, el ecosistema del podcast en español promete brindarnos muy buenos momentos. Cinco excusas para engancharte a escuchar podcast Tú eliges cómo y dónde los escuchas. De hecho, ni siquiera necesitas conexión a internet, sino que basta con que los descargues antes de salir de casa para disfrutarlos en cualquier sitio, sin limitaciones de conexión. La oferta de contenidos es cada vez mayor. Piensa un tema que te interese y seguro que hay un podcast perfecto para ti; tan solo tienes que explorar alguna de las principales plataformas de podcast en español para descubrir el tuyo. La calidad de los podcasts no ha parado de crecer en los últimos años y algunos son ya auténticas superproducciones de ficción, en las que intervienen incluso actores famosos. Interactuar con los productores de podcast es muy fácil y, por lo general, ponen a disposición de los usuarios numerosos canales de comunicación para que les ofrezcas tus impresiones y les hagas llegar tus preguntas o sugerencias. ¿Producción personalizada? ¡Casi! ¿Quieres aprender sobre finanzas?, ¿sobre programación o psicología? Los podcasts divulgativos y educativos son una excelente manera de recibir formación.

INNOVACIÓN
21 Enero, 2019

Neil Harbisson: “No uso tecnología, soy tecnología y me siento cíborg”

Este joven británico está considerado el primer cíborg del mundo, ya que cuenta con un órgano nuevo y completamente artificial: una antena, con la que explora los límites sensoriales del ser humano y que le permite escuchar los colores. Neil Harbisson (Londres, 1984) no ve el arte, lo escucha. Este inglés criado en Mataró (Barcelona) asegura que Picasso y Warhol tienen sonidos muy altos, saturados. Velázquez, en cambio, “suena poco”. Para Harbisson, el mundo es en blanco y negro. Nació con acromatismo, una patología que afecta a una de cada treinta y tres mil personas en el mundo. Desde 2004, una antena conectada a su cerebro le permite escuchar los colores y, así, detectarlos. Memorizó centenares de ellos. Este artista británico se define como cíborg, un ser compuesto por elementos orgánicos y cibernéticos. Su “órgano” colgándole de la cabeza y una estética moderna y vanguardista, acorde también con su corte de pelo, le dan un aura futurista. Harbisson es pionero en implantarse tecnología en el cuerpo. Este joven usa la tecnología para explorar y superar las fronteras de los sentidos humanos. Desde su fundación, ayuda a todo aquel interesado en convertirse en un cíborg. Hablamos con él en el centro cultural ImaginCafé, un espacio de CaixaBank donde está a punto de presentar, junto con Silvia Lladós, Colors&NeilHarbisson, una app que permite realizar sesiones de luz y escuchar el sonido del color con las composiciones sonocromáticas compuestas por él mismo. ¿Cómo escuchas los colores sin que los sonidos que te rodean se solapen? Noto la vibración que emiten los colores dentro del hueso y esta vibración se convierte en sonido. Escucho los colores a través de los huesos, mientras que el resto de sonidos los escucho por las orejas. Se trata de dos canales diferentes. Si fuera sordo, percibiría los colores igualmente. ¿Cuántos colores eres capaz de detectar? Percibo trescientos sesenta tonos visibles, aunque también capto muchos más que son invisibles para el ojo humano, como los infrarrojos y ultravioletas. ¿Cómo suena una puesta de sol? Es un sol que se va deslizando hacia un fa sostenido. Es un sonido descendente. ¿Cuántos cíborgs hay en el mundo? Ser cíborg es una identidad. Hay mucha gente que tiene tecnología dentro del cuerpo, pero no todos se consideran cíborgs. Muchos la tienen por razones médicas, pero no sienten esta tecnología como parte de su identidad, sino como algo externo. También hay mucha gente sin implantes que sí se sienten cíborgs, porque han nacido y crecido siempre con tecnología. Sienten que es parte de su identidad. Entonces, ¿somos cíborgs psicológicos? En muchos lugares, la gente se siente unida psicológicamente a la tecnología y se habla de esta en primera persona. Sentimos gente decir “me estoy quedando sin batería” en lugar de “mi móvil se está quedando sin batería”. En tu caso, el Reino Unido sí te reconoció como tal. En 2004 no me dejaron renovar el pasaporte porque decían que no podía hacerme la fotografía con un aparato electrónico. Les dije que se trataba de un órgano más. No uso tecnología, yo soy tecnología y me siento cíborg. Después aceptaron mi razonamiento y los periodistas dijeron que era la primera vez que un gobierno aceptaba a un ciudadano cíborg. Existe un antes y un después. Al principio, memorizaba el sonido de cada color. Era algo muy externo, pero poco a poco el cerebro se acostumbró hasta el punto de que empecé a soñar colores y a dejar de notar la diferencia entre el cerebro y el software. Sentí que la palabra cíborg definía esa unión. La antena es un órgano más de mi cuerpo, no es un aparato. El aprendizaje es infinito. ¿El límite lo pones tú? Es como con el idioma. De pequeño debías memorizar lo que veías en una palabra. Cuando escuchaba la frecuencia del rojo, la llamaba rojo. Esto fue en 2004, cuando aprendí los colores. Ahora no lo pienso. ¿No descansas nunca de escuchar colores? Puedo taparlo, es como un ojo o una oreja, pero no hay un on y un off. No existe un interruptor. ¿La comunidad científica reconoce a los cíborgs? Las comisiones bioéticas de los hospitales no ven ético añadir órganos y sentidos que no sean humanos. Yo me hice cirugía con un doctor anónimo. Son operaciones que no están aceptadas. Uno de los grandes retos es conseguir que lo vean ético. Pasó lo mismo con la cirugía transgénero en los años cincuenta y sesenta. ¿Qué quieres demostrar con tu experiencia? Lo hago para explorar. Quiero revelar realidades que ya existen, como los colores infrarrojos y ultravioletas, que vosotros no percibís. Unirnos a la tecnología nos permite revelar realidades y saber mejor dónde estamos y quién somos, porque descubrimos mejor cuáles son nuestros sentidos. La medicina hace implantes para mejorar la vida de las personas, yo lo hago por arte. Soy un artista cíborg. ¿Querías superar el hecho de ver la vida en blanco y negro? No. Cuando estudiaba música, quise usar la tecnología en el artista y no en el arte. Me decidí por los colores, porque al ver en blanco y negro siempre me interesó el color, pero no quería solucionar un problema, sino satisfacer una curiosidad. Para mí, ver en blanco y negro es algo que tiene muchas ventajas. ¿Cuáles? Tenemos mejor visión nocturna y vemos a más distancia, porque el color no interfiere. Podemos memorizar la forma más fácilmente. Mucha gente que ve en escala de grises trabaja en la marina para detectar dónde hay barcos, porque vemos la forma antes que el color. Y la gente que ve color se puede confundir con el camuflaje. ¿Estás pensando en otro implante? Sí. Me permitirá notar el paso del tiempo, crear ilusiones del tiempo. Podré viajar en el tiempo, eliminar los jet lags. El objetivo es llevar a la práctica la teoría de Einstein, la relatividad del tiempo llevada a un órgano. ¿Viajar en el tiempo? El tiempo es una percepción. Si puedes modificar la percepción, puedes viajar en el tiempo. El tiempo está en tu cabeza. No está demostrado que esté fuera. ImaginCafé Una antigua sede de CaixaBank en el centro de Barcelona acoge desde hace un año ImaginCafé, un centro cultural de la entidad bancaria dedicado a la generación millenial. En las antiguas dependencias de las cajas fuertes descansan ahora potentes ordenadores y cómodos sillones, listos para jugar a videojuegos o eSports. Con este centro, la entidad busca captar al público joven con numerosas ofertas culturales y lúdicas. El espacio, de 1.200 metros cuadrados y tres pisos, organiza exposiciones, conferencias y conciertos. Las salas del piso superior ofrecen la posibilidad de trabajar por grupos y un nuevo espacio de coworking.

INNOVACIÓN
15 Enero, 2019

De la fiebre del oro a la fiebre del bitcoin

Algunos dicen que la historia nunca se repite. Otros, al contrario, sostienen que, con cambios mínimos, la historia siempre acaba repitiéndose, porque solo el hombre tropieza dos veces con la misma piedra. ¿Quién tiene razón?   A principios de 1848, cuando California estaba a punto de dejar de pertenecer a México para incorporarse a Estados Unidos —y cuando esas tierras aún eran una zona prácticamente sin ley, conocidas como el «Salvaje Oeste»—, se produjo un importante acontecimiento: un carpintero llamado James W. Marshall descubrió oro en los ríos que rodeaban la aldea de Coloma, cerca de la actual Sacramento. Aunque al principio se intentó encubrir la noticia, muy pronto empezaron a circular rumores que se extendieron hasta la costa Este y antes de final de año, en diciembre de 1848, el mismo presidente de Estados Unidos, James Knox Polk, acabó confirmando el descubrimiento. Fue el inicio de la llamada «fiebre del oro», que produjo un éxodo de miles de personas desde otros lugares del país (e incluso de otras partes del mundo) hasta Sacramento, San Francisco y a toda la costa Oeste.   A los que fueron llegando a partir de 1849 se les llamó los «forty-niners». Tal fue el impacto de este fenómeno migratorio que San Francisco, hasta entonces una aldea no muy grande, vio como se construían escuelas, caminos e iglesias, creciendo hasta convertirse en toda una ciudad. Mientras, Sacramento pasó a ser la capital de California, que a partir de 1850 se constituyó oficialmente como un estado más de la Unión y que empezó a ser conocido como el «Golden State» (estado dorado).No obstante, no todo fueron buenas noticias, sino más bien todo lo contrario. En realidad, tan solo los primeros en llegar consiguieron encontrar oro. El resto de las aproximadamente 300.000 personas que se desplazaron hasta California tuvo que malvivir en una tierra que no era la suya, lo que acabó generando caos, desorden, muchas disputas e incluso alguna muerte. Unos pocos se enriquecieron, pero para la gran mayoría de los que no encontraron el preciado metal, la «fiebre del oro» fue, en realidad, una desgracia.Muchos años después, en un espacio como Internet —que al igual que el Salvaje Oeste también cuenta con poca regulación—, algunos creyeron encontrar oro cuando una identidad desconocida, que operaba bajo el pseudónimo de Satoshi Nakamoto, ideó en 2009 una moneda virtual llamada bitcoin.   Los bitcoins se caracterizan por ser un sistema descentralizado, de código abierto, y que no está respaldado por ningún gobierno ni banco central; al contrario, la gestión de las transacciones y la emisión de bitcoins se lleva a cabo de forma colectiva por la red. «Su diseño es público, nadie es dueño ni controla Bitcoin, y todo el mundo puede participar», aseguran desde la página web oficial de la criptomoneda. En efecto, cualquiera puede comprar bitcoins para pagar con ellos por Internet, pero también para conservarlos y especular con su precio.   Pues bien, en su corta historia, esta moneda virtual ya ha vivido todo tipo de vicisitudes: desde valer unos céntimos en 2010 hasta una auténtica «fiebre del bitcoin» en 2017, cuando su precio se disparó hasta rondar los 17.000 dólares. El año pasado no se hablaba de otra cosa y algunos consiguieron ganar mucho dinero. No obstante, a lo largo de 2018, el bitcoin ha caído hasta perder el 75% de su valor. A día de hoy, se puede comprar un bitcoin por menos de 4.000 euros y algunos analistas ya comparan su evolución con la «fiebre del oro» de California o con la crisis de los tulipanes en Holanda.   ¿El precio del bitcoin seguirá bajando o bien retomará el vuelo y regresará a los valores que alcanzó el año pasado? ¿Se consolidará como moneda virtual o acabará por desaparecer? Hoy día, el futuro del bitcoin es totalmente imprevisible y tan incierto como el de los buscadores de oro que llegaron a California a mediados del siglo XIX.

INNOVACIÓN