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19 Marzo, 2020

Niños y pantallas: una visión didáctica de su uso

La evolución tecnológica es vertiginosa. Cada dos por tres aparece alguna novedad que, en muy poco tiempo, integramos en nuestro día a día. La cuestión es que la tecnología se incorpora a nuestras vidas a tal velocidad, que nos vemos obligados a aprender a utilizarla prácticamente sobre la marcha. Esto es así porque enseguida podemos ver sus ventajas. Sin embargo, sus inconvenientes no nos suelen resultar tan evidentes desde el principio. Algo así es lo que ocurre con los niños y el uso que hacen de las pantallas. Nuestros hijos son pioneros en un territorio inexplorado: el de los dispositivos portátiles, como los teléfonos inteligentes y las tabletas, a los que pueden acceder en cualquier momento y lugar. Sí, nosotros también crecimos con advertencias sobre una excesiva exposición a la televisión o incluso a los videojuegos. Sin embargo, la gran diferencia con nuestros hijos consiste en que, una vez que nosotros salíamos de casa, se acababan la tele y la consola. Ellos tienen a mano nuestro teléfono móvil hasta cuando están en el parque. Esta es la razón por la que vemos a los niños prácticamente en cualquier lugar sentados y quietos, mirando una pantalla. Lógicamente, muchos padres ven las ventajas de que puedan acceder a estos dispositivos: se entretienen fácilmente y entran en contacto con la tecnología de manera natural, algo que les ayudará a la hora de aprender a utilizarla. También se preguntan por los inconvenientes. ¿Cómo les afectará el uso de las pantallas? ¿Qué podemos hacer para que convivan con unos aparatos que están por todas partes? Científicos de todo el mundo buscan respuestas a estas preguntas. Una de las primeras conclusiones que se puede extraer de sus estudios parece ser la siguiente: las pantallas no son buenas o malas, es el uso que hagamos de ellas el que puede hacer que tengan consecuencias positivas o negativas.Los primeros estudios fiables sobre los efectos del uso de las pantallas en los niños arrojan ya algunas advertencias. Entre ellas, algo que muchos padres ya sospechaban: un mayor tiempo de exposición a estos dispositivos tiene efectos negativos en su desarrollo. Esto incluye problemas con la atención, la movilidad, las habilidades interpersonales e incluso el habla. Esto no significa que cualquier exposición de los niños a las pantallas vaya a provocar que tarden más en formar frases complejas o que toleren peor la frustración. La palabra clave aquí es el “exceso”. La directora de una de las últimas investigaciones en este sentido, la psicóloga Mary Sherigan de la Universidad de Calgary, comparaba las pantallas con la comida basura: en pequeñas dosis no es tan mala, pero en exceso tiene consecuencias. El estudio de la Universidad de Calgary explica cómo el desarrollo en los niños se despliega de manera rápida durante los primeros cinco años de vida. Es un momento crítico para su desarrollo. Entonces, ese desarrollo se puede ver lastrado por el uso de pantallas. Si el niño está sentado viendo vídeos en una tableta, se perderá grandes oportunidades para practicar y dominar sus habilidades interpersonales, motoras y de comunicación. Es decir: mientras atienda a la pantalla, no se estará relacionando con otras personas o corriendo detrás de un balón. Además, estar expuestos durante mucho tiempo a estímulos constantes y potentes como los que ofrecen muchos de los contenidos que ven los niños puede derivar en problemas de atención. El mundo no es tan divertido y rápido como lo que muestra la pantalla del móvil. Por eso, el niño se aburrirá más fácilmente en su vuelta a la vida real, que encontrará lenta y monótona. Entonces, una clase en el colegio se convertirá en un auténtico fastidio, por lo que le costará mucho más concentrarse. También el sueño de los niños es fundamental para su desarrollo y el uso de las pantallas puede entorpecerlo. Otras investigaciones apuntan que, por cada hora que pasan utilizando una tableta, los niños pequeños duermen en torno a 15 minutos menos, mientras que los de mayor edad se pierden unos 26 minutos de sueño. En unas edades en las que se necesita dormir entre 11 y 15 horas cada día, cada minuto de sueño cuenta.Ya sabemos que un uso inadecuado de las pantallas puede afectar al desarrollo del niño. En un mundo en el que las pantallas están por todas partes, ¿cómo podemos hacer para convivir con ellas? La OMS ya ha tomado cartas en el asunto y ha realizado una serie de recomendaciones relacionadas con el uso de las pantallas en niños menores de cinco años. En resumen, la OMS recomienda que los niños menores de dos años no pasen tiempo en actividades sedentarias frente a las pantallas. Es decir: nada de ponerle el móvil al bebé para que se distraiga. En cuanto a los de dos, tres y cuatro años, ese tiempo no debe exceder de una hora y cuanto menos, mejor. Respecto al tiempo que deben pasar realizando alguna actividad física, los bebés de menos de un año deben estar físicamente activos varias veces al día de diferentes formas, especialmente mediante el juego interactivo en el suelo y cuanto más, mejor. Los niños de uno a cuatro años, por su parte, deben pasar al menos 180 minutos realizando diversos tipos de actividad física. En función de la edad, la necesidad de horas de sueño varía y se debe asegurar que se cumplen siguiendo las recomendaciones. Se trata de buscar un equilibrio entre las actividades sedentarias, la actividad física y el sueño. En cuanto a la manera en que los niños deben utilizar las pantallas, como norma general se recomienda que siempre sea de manera controlada. Esto significa que sus padres deben asegurarse de que los contenidos que ven tengan calidad, sean apropiados para ellos y, a poder ser, que contengan elementos interactivos para evitar la pasividad. Para eso, pueden recurrir a la previsualización, controlar mientras los niños ven los contenidos e incluso utilizar herramientas como el control parental. También se recomienda que compartan parte del tiempo frente a la pantalla con ellos, para hablar sobre lo que ven y ampliar información si es necesario. En el caso de los niños mayores, conviene establecer límites razonables de tiempo e incluso horarios y zonas en las que la tecnología no se pueda utilizar, como puede ser durante las comidas o una hora antes de acostarse. Ayudarles en su proceso de alfabetización digital es algo que se debe promover cuanto antes, enseñándoles a ser críticos con lo que ven, a diferenciar entre publicidad y contenido, así como a evitar conductas de riesgo. También lo es dar ejemplo: si ven a sus padres pendientes del móvil a todas horas, difícilmente entenderán que ellos deban cumplir ciertos límites sobre cuándo y cómo usarlas. Los niños siempre van a estar expuestos al uso de pantallas. Enseñarles a utilizarlas correctamente y ayudarles a controlar su exposición puede ser muy beneficioso para su desarrollo. Es cuestión de acompañarlos también en este camino y aportarles el equilibrio necesario. Como en cualquier otro aspecto de su vida.

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